Cuba: cinco victorias estratégicas

En los últimos dos años, la Isla mantuvo una resistencia creativa que no solo frenó la ofensiva enemiga, sino que le permitió romper el asedio por cinco frentes estratégicos, lo que pone al país en mejores condiciones para reforzar el paso en la construcción de un socialismo próspero y sustentable.

La Covid

La pandemia de la covid-19 constituyó un serio problema de salud pública para Cuba. Ningún país tuvo que enfrentar la enfermedad en un escenario de guerra económica permanente. Washington hizo lo inimaginable para impedir que los cubanos accedieran a insumos, tecnologías y vacunas.

A pesar de ello, la pequeña isla caribeña se embarcó en la extraordinaria y conmovedora tarea de elaborar sus propias vacunas y sus protocolos de tratamientos. Tras meses de investigaciones, ensayos y campañas de inmunización logró derrotar la pandemia. 

Más del 90 por ciento de la población vacunable recibió los esquemas completos de vacunación y dosis de refuerzo. Los casos actualmente no pasan de tres diarios y desde el 19 de agosto de 2022, no se reportan defunciones por covid en el país.

Esta victoria científica confirmó el alto nivel de la ciencia cubana, demostró la capacidad de gestión del sistema público de salud frente a la pandemia, patentizó la voluntad humanista del Estado socialista, y se convirtió en un motivo de orgullo para el pueblo. 

Democracia socialista

Los cubanos rompen todas las lógicas. Si lograron hacer una Revolución en las fronteras de EE.UU., y cinco vacunas contra la covid, nada les puede impedir hacer un referendo y unas elecciones municipales en medio de una situación económica muy tensa.

El 27 de septiembre, el 74,12 por ciento de los 8,4 millones de electores inscritos asistió a las urnas para respaldar o rechazar un moderno Código de las Familias, que finalmente fue refrendado por el 66,85 por ciento de los asistentes a los colegios de votación.

Dos meses después, con un impasible respeto al calendario electoral, se desarrollaron los comicios para elegir a las autoridades municipales de todo el territorio nacional, con una participación del 68 por ciento.

Estamos frente a dos procesos democráticos y de amplia participación popular, que trascienden el mero acto de depositar una boleta en una urna. La democracia en Cuba engloba un número de interacciones sociales que tienen en su médula la discusión, el debate y la construcción popular, esencia de un modelo perfectible, pero verdaderamente participativo. 

En términos políticos, ambos procesos representan una victoria del sistema socialista cubano, con sendas demostraciones de diálogo y consenso internos, de legitimación electoral del sistema socialista, y de demostración de confianza mutua entre el pueblo y sus dirigentes.

No pudieron ni la crisis ni las campañas mediáticas ni las acciones subversivas planificadas y financiadas en Estados Unidos, revertir esta otra victoria estratégica.

Superación progresiva de la crisis energética

En los últimos dos años, la crisis energética y de generación eléctrica influyó de manera desfavorable en la economía del país y en la vida diaria de las familias. 

Los problemas acumulados por el bloqueo se combinaron con la baja disponibilidad de combustibles y con la descapitalización del parque generador del país. Las limitaciones comerciales y financieras, entre varias causas, extendieron los plazos previstos para sus mantenimientos y eventuales reparaciones.

Se creó una tormenta perfecta que ameritó toda la creatividad tecnológica y organizativa para paliar la situación, lograr estabilidad y romper el ciclo de la crisis en el sector. 

La comunicación directa y permanente entre las autoridades y el pueblo y la información veraz fueron factores determinantes en la superación de esta coyuntura.

En el último trimestre del año se implementaron medidas y establecieron acuerdos con países amigos que impactan positivamente en la situación. Comienzan a crearse las condiciones para dejar atrás las tensiones, lo que de por sí constituye otra victoria.

Unidad vs. subversión

A pesar de los permanentes fracasos, Estados Unidos no ha dejado de promover, financiar y apoyar acciones subversivas contra la Revolución. Sin embargo, tras la estrepitosa derrota de julio de 2021, las “fuerzas” internas de Washington en la Isla parecen desarticuladas y menguadas.

Salvo incidentes de corte terrorista y fugaces intentos movilizativos que no trascienden el espacio digital, la Casa Blanca no ha logrado generar un clima de ebullición y malestar social que transite al estallido. 

Las matrices de “crisis humanitaria”, “ayuda humanitaria” “SOS Cuba”, “estado fallido” y “estado represor”, han estado en el centro de todas las maniobras reportadas en los últimos dos años, pero solo tienen vida en sus propias burbujas digitales y en la prensa corporativa internacional.

En el terreno, las calles siguen siendo de la Revolución. La conciencia política del pueblo, y la unidad orgánica de los sectores revolucionarios, capaces de movilizarse, incluso espontáneamente, ante cualquier amenaza, son la fuerza determinante frente a la cual se estrella cualquier plan o activismo contrarrevolucionario. 

Solidaridad vs. aislamiento

La resistencia creativa y victoriosa de la Isla, su solidaridad con el mundo, su activa y coherente política exterior, y las transformaciones que vive la región y el mundo, configuran un escenario que neutraliza cualquier esfuerzo estadounidense por aislar a la Revolución Cubana.

Lo ocurrido en la Asamblea General de las Naciones Unidas, espacio en el que 185 países rechazaron el bloqueo económico, comercial y financiero de Washington contra Cuba, es evidencia de que, no solo es condenable la actitud estadounidense, sino que la pequeña y satanizada Cuba, con sus razones soberanas y su conocida diplomacia, es capaz de alinear al mundo contra una política catalogada de genocida por los propios documentos de la ONU.

También la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se pronunciaron contra la guerra económica de Washington.

Especial simbolismo tuvo la invitación del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a su homólogo cubano para asistir a las celebraciones por el grito de independencia. Fue el único mandatario convidado a la ceremonia en la que AMLO le exigió a su vecino el fin del bloqueo contra Cuba y reafirmó el papel de la Isla en la geopolítica regional.

Y justo antes de cerrar el año, el presidente Miguel Díaz-Canel completó una gira que lo llevó a cuatro potencias, dos globales, China y Rusia; y dos regionales, Argelia y Turquía, esta última miembro de la OTAN.

El periplo, además de fortalecer los vínculos económicos, comerciales y financieros, representó un fuerte mensaje de apoyo político a La Habana y una prueba más del aislamiento de la política de Estados Unidos.

Estos cuatro estados reconocen el peso de Cuba en las relaciones internacionales y el extraordinario valor histórico, cultural y político de la lucha de la Revolución contra la hegemonía estadounidense.

Epílogo de año viejo

En Washington hay conciencia de todo lo anterior. Derrotada la táctica de “máxima presión” contra Cuba iniciada por Trump y continuada por Biden; tras unas elecciones legislativas de medio término donde el desastre demócrata pudo ser peor; y desterradas las esperanzas de un control de ese partido en la Florida, en la Casa Blanca podrían estar desempolvando el Carril II de la vigente ley Torricelli, muy utilizado por Obama en los albores de su mandato. 

Los contactos entre autoridades de ambos países y las muy reducidas e insuficientes movidas que desarrolla la administración Biden respecto a Cuba, podrían ser señales que indiquen un sentido distinto al impuesto por Trump.

En cualquier caso, Cuba logró romper el asedio y abrir cinco brechas estratégicas que auguran nuevos triunfos en el 2023.

Tomado de Cubainformación

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