Derrotando la Guerra no Convencional contra Cuba.

El 19 de octubre de 1906, a 110 años de que Barack Obama invitara a los cubanos desde el corazón de La Habana, a “superar la historia”, William Taft, gobernador interventor de EEUU en la isla, nos reprendía así: “Los ideales de ustedes los cubanos son demasiado elevados y una idea que es demasiado elevada y se encuentra fuera de nuestro alcance no es útil. Lo que ustedes necesitan aquí, entre los cubanos, es el deseo de hacer dinero, de fundar grandes empresas, y continuar desarrollando la prosperidad de esta bella isla y que la mayoría de los jóvenes cubanos comiencen negocios (…) hasta que ustedes no tengan una comunidad de autoridad y control político, que esté bajo las influencias conservadoras de la propiedad y la propiedad privada, no es posible un gobierno exitoso y popular” [1].

El 22 de marzo de 2016, en una entrevista ofrecida a la cadena televisiva estadounidense ESPN durante el juego de pelota entre un equipo Cuba y el Tampa Bay Rays en el estadio Latinoamericano, Barack Obama dijo sonriendo: “Si nuestras ideas y nuestra cultura penetran esta sociedad, con el tiempo eso nos dará ventaja para promover los valores que nos interesan”.

Casi dos años antes, el 17 de diciembre de 2014, mientras el propio Obama y el General de Ejército Raúl Castro Ruz anunciaban simultáneamente las decisiones sobre el nuevo escenario bilateral, el sitio digital de la Casa Blanca publicaba en su portada, en idioma español, un texto titulado “Un nuevo rumbo para Cuba”, que señalaba las rutas del “deshielo”:

“Las varias décadas de aislamiento entre EEUU y Cuba han hecho que falle nuestro objetivo de empoderar a los cubanos para construir un país abierto y democrático. (…) A pesar de que esta política se basó en la mejor de las intenciones, su efecto ha sido prácticamente nulo: en la actualidad Cuba está gobernada por los hermanos Castro y el Partido Comunista, igual que en 1961. No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar obtener un resultado diferente”.

El cambio de política nunca escondió sus finalidades, aunque no faltaron los miopes en su interpretación, razón que pienso, motivó al Comandante en Jefe a señalar, en una reflexión eterna que también recibimos del Che, que no debemos confiar en la política de EEUU.

El cambio no implicaba un método nuevo, sino una nueva forma de ponerlo en práctica, más perfilada y efectiva. Así se sintetizaba: “Los esfuerzos de EEUU se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano. […] La Administración continuará implementando programas de EEUU enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos”.

Por primera vez en la historia de EEUU, Cuba fue mencionada en una Estrategia de Seguridad Nacional: “Como parte de nuestros esfuerzos por promover un hemisferio totalmente democrático, vamos a avanzar en nuestra nueva apertura hacia Cuba en una forma que promueva de manera más eficaz la habilidad del pueblo cubano de decidir su futuro libremente”.

Esa misma estrategia dejaba claro la esencia de los nuevos cursos de acción: “El uso de la fuerza no es la única herramienta a nuestra disposición y no es el principal medio para el compromiso de EEUU en el exterior, ni siempre el más eficaz para los retos que enfrentamos”.

Los acontecimientos del último año en Cuba, que pretenden configurar el escenario de inestabilidad previsto en la doctrina, con matices renovados en el comportamiento de la contrarrevolución, avivaron el debate sobre la Guerra no Convencional y la mención del término, con “nombre y apellidos”, en espacios frecuentes de los medios nacionales, obligando a considerar definiciones y teoría.

La Guerra no Convencional, como comportamiento político de EEUU contra Cuba, se define como el sistema de acciones de carácter político, económico, cultural, comunicacional, técnico y militar, dirigidas a propiciar el surgimiento y fortalecimiento de un movimiento de oposición política interna, así como la subversión política e ideológica de una parte relevante de la población, con el objetivo de propiciar un escenario de ingobernabilidad e inestabilidad, mediante el cual sea posible coaccionar, desestabilizar y por último derrocar al Estado revolucionario, a fin de derrotar el proyecto socialista y reinstaurar la dominación capitalista sobre Cuba [2].

En el caso de nuestro país, esta estrategia se caracteriza por cuatro rasgos fundamentales: (1) la promoción de una oposición política efectiva en la Isla; (2) la pretensión de separar al Estado del pueblo; (3) las actividades de información, guerra psicológica y agresión cultural; (4) y el empleo con fines subversivos de las tecnologías de la comunicación y la información.

El contexto actual impone retos para el enfrentamiento a estos procedimientos.

En primer lugar, debe asumirse que las actuales capacidades de las redes sociales modernas trascienden el plano virtual y se insertan en la realidad objetiva, con la posibilidad de modificarla, bien porque son efectivas en influir en la conducta de un individuo o porque pueden establecer “rutas” a seguir por grupos de personas. Subestimar la enorme capacidad de convocatoria de las redes sociales o no sopesarla en su correspondiente medida para emplearla efectivamente, son errores estratégicos de consecuencias catastróficas.

La expansión nacional de Internet, es la diferencia de mayor relevancia de la situación actual, en relación con acciones contrarrevolucionarias anteriores. En los últimos dos años, ha sido permanente la expansión de grupos en redes sociales y el empleo masivo de plataformas de comunicación social extranjeras (Facebook, Whatsapp, Telegram, etc.), cuya capacidad para influir en nuestra realidad interna ha ido “madurando” a la par de su masificación entre la población.

En este punto las estrategias de nuestros enemigos y nuestros objetivos nacionales de desarrollo, transitan por rutas cercanas. Parafraseando a Cintio Vitier, jamás fueron tan próximos los caminos de salvación y los peligros.

En las redes de Internet son frecuentes los censos a la capacidad de convocatoria de causas contrarrevolucionarias; la gestión del descontento y la presencia permanente de la narrativa de información antiestatal, que desarrollan las plataformas enemigas orientadas a las audiencias cubanas.

En nuestro campo de batalla de información, estas fuentes constituyen las tribunas del mensaje enemigo, junto a los cabecillas internos y externos; y las redes sociales actúan como herramientas de amplificación y difusión, aumentando su efectividad a partir de su capacidad de personalizar los mensajes y contenidos, e influir en sus usuarios.

La comprensión de la información como un “teatro de operaciones” incluye los esfuerzos para negar o limitar al adversario la transmisión de su mensaje a las audiencias nacionales objetivo, lo cual es hoy, un esfuerzo estratégico de primer orden.

La Guerra no Convencional no es una entelequia. No es un símil ocasional para hablar de “golpes blandos” y “luchas no violentas”, tales cosas no existen. Los golpes contra el orden político de una nación nunca son blandos, y en el caso de Cuba, signados por la guerra económica, la mentira, los sabotajes y llamados a la violencia, que siempre están en riesgo de materializarse, la dureza de la estrategia enemiga es notable, sobre todo porque nunca dejará de incluir la posibilidad de una intervención militar yanqui contra la Isla.

Hay una decisión política de una nación poderosa para desaparecernos como proyecto nacional, con el mayor ahorro de recursos posible y para eso hacen falta traidores que empuñen las armas del enemigo, o al menos, que no sean capaces de defender a su patria. Para ello se pretende utilizar al pueblo contra sí mismo, con el objetivo de allanar el camino a las intervenciones, castrando nuestra rebeldía, en un baño de sangre nacional que solo tendría un beneficiario: el imperialismo.

Hay una doctrina de la resistencia, como la hay para la agresión. Podremos encontrar siempre en nuestra historia las respuestas necesarias, especialmente en el genio de quienes nos pensaron y construyeron como nación, cuando señalaron el camino de una lucha popular masiva, contra todas las amenazas y agresiones. ¡Contra guerras no convencionales, Guerra de Todo el Pueblo!

En búsqueda del plan, volvamos siempre a aquel que vio de lejos y alertó, como si recorriera hoy las calles de nuestras ciudades, que “la política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio o la merma del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus Ejércitos en fila, y su batalla preparada” [3].

Tomado de Red 26

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