Luis Posada Carriles: El diablo los cría y el diablo los junta (segunda parte y final)

Luis Posada Carriles se había convertido, para finales de la década de los 90, en el terrorista del hemisferio occidental más publicitado. El 2 de agosto de 1998 apareció ante las cámaras de televisión, a condición nuevamente de que no se divulgara su paradero y que su rostro no apareciera nítido en la pantalla. Sus declaraciones no dejan duda alguna acerca de su condición de terrorista, de la cual se enorgulleció toda la vida.

Sobre las explosiones en los hoteles de La Habana, la periodista de Florida, María Elvira Salazar, le preguntó: ¿Usted fue el autor intelectual de esas explosiones: sí o no?…¿Usted fue el que las pensó, el que las organizó y el que mandó a la gente para que las pusieran?

La respuesta es más que elocuente: “Yo, de cualquier hecho dentro de territorio cubano en contra del régimen de La Habana, me responsabilizo totalmente”.

En otro momento de la entrevista se le pregunta: “¿es cierto que el salvadoreño (…) que está arrestado en este momento dentro de Cuba, trabajaba para usted?. La respuesta de Posada fue igualmente cínica, inescrupulosa y sin rodeos: “…Cruz León fue contratado por una persona que trabajaba para mí (…) cumplió su cometido por dinero…”

El 17 de noviembre de 2000, el terrorista más célebre del hemisferio occidental vuelve a ser noticia. En esta ocasión por boca del presidente Fidel Castro Ruz, quién asistía a la X Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica en Panamá. Esa tarde, Fidel denunció un plan terrorista en suelo de esa nación:

(…) He venido como los demás jefes de Estado latinoamericanos, a participar en la X Cumbre con el espíritu de cooperar al éxito de la misma para beneficio de nuestros pueblos, y de modoespecial para los intereses y el prestigio de Panamá.Debo cumplir, sin embargo, el deber de informarles que,como en otras ocasiones en que viajo a estas cumbres, elementosterroristas organizados, financiados y dirigidos desde EstadosUnidos por la Fundación Nacional Cubano Americana, quees un instrumento del imperialismo y la extrema derecha deese país, han sido enviados a Panamá con el propósito de eliminarmefísicamente. Ya se encuentran en esta ciudad y hanintroducido armas y explosivos (…)”

(…) El jefe de esos elementos a quien los líderes de la Fundación

Cubano Americana encargaron la misión, es el tristemente célebre Luis Posada Carriles, un hombre cobarde, totalmente carente de escrúpulos, autor de la voladura del avión de Cubana de Aviación al despegar de Barbados con 73 pasajeros a bordo, el 6 de octubre de 1976, mediante la utilización de mercenarios venezolanos (…)

La información era exacta. En el hotel Coral Suite se encontraba hospedado Franco Rodríguez Mena, quien en realidad era Luis Posada Carriles. En la acera fueron detenidos otros dos terroristas, Guillermo Novo Sampoll1 y Pedro Crispín Remón2, y en una habitación Gaspar Jiménez Escobedo, los tres con un récord de asesinos no solamente en los archivos de la Seguridad Cubana sino en los del FBI.

Poco después, en el maletero de un auto cuyo chofer declaró trabajaba para Posada Carriles, eran hallados suficientes explosivos como para volar el Paraninfo de la Universidad de Panamá, donde hablaría Fidel ante una entusiasta multitud, fundamentalmente de jóvenes estudiantes, cientos de los cuales perecerían en un acto terrorista sin precedentes en la historia de esa nación.

Luego de ser indultado servilmente por la ex presidenta panameña, Mireya Moscoso, en los primeros días de abril del año 2005 comenzó a ser noticia la presencia del terrorista Luis Posada Carriles en Miami, a pesar de que la jerarquía de la mafia terrorista y anticubana de esa ciudad prefería mantenerlo allí de manera un tanto inadvertida para la opinión pública internacional.

Allí estaba y allí permaneció hasta su muerte, en mayo de 2018, sin ser molestado por autoridad alguna. El gobierno de Estados Unidos sabía que estaba allí, que había entrado en una embarcación llamada Santrina y que residía en una lujosa casa en las afueras de esa ciudad, o en otra, según las circunstancias. Todos lo sabían y se jactaban de saberlo

Fuente Patria Nuestra

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