LA GENTE DE CEREBRO MUERTO

Por el patio trasero de mi casa pasaba una joven de vestimenta estrafalaria y colección de gangarrias impresionante, mi madre solía decir al verla: ALLÁ VIENE YERINISLEXSA(que era su peculiar nombre) LA DEL CEREBRO MUERTO, en mi imaginario infantil muchas cosas me pasaban por la cabeza asociadas a esa extraña afirmación e incluso una vez pasé tremenda pena cuando coincidí  con la  muchacha en la cola del pan y esta me sorprendió tratando de pegarme a su oído, con la inocente idea de sentir algún tufillo saliendo de su cráneo que me confirmara aquello que imagianaba como una masa putrefacta, recuerdo que recibí una buena reprimenda porque ella aseguró que yo quería besarle la oreja.

Con el tiempo comprendí que cuando nacemos el cerebro infantil es como una computadora recién comprada, con sus discos apenas ocupados por los “sistemas operativos” más elementales, que nos permiten comenzar esa travesía maravillosa que es la vida y que luego hay que dotarlo de utilidades para usar su enorme capacidad creativa, pero que no todo el mundo se ocupa de ponerle las ¨aplicaciones¨ más necesarias y entonces se atrofia dando paso a cerebritos monotemáticos, como el de la citada vecina, que por cada mil ¨neuronas identificadoras de vidrieras y ofertas en rebaja¨, tenía un par que se esforzaban por hacer alguna cosa diferente.

Cuando dejamos de leer o cuando renunciamos a saborear las complejidades intelectuales que se esconden en una buena película, o cuando  se extingue el portento de escuchar una canción inteligente y la vida va reduciendo sus fronteras hasta cercar el intelecto en el perímetro de lo banal o estrictamente imprescindible, entonces una parte importante del cerebro comienza a morir y en esa necrosis sucumbe también la conversación creativa y diversa, la interpretación del arte, el sentido del humor, la agudeza del razonamiento, la poesía e incluso hasta el amor.

Es real que no todos los cerebros son iguales y existen inteligencias innatas, dones asombrosos que acompañan desde su nacimiento a algunas personas, pero a pesar de ello es la constancia y el empeño lo que amplía el acervo acumulado en nuestras mentes, evitando que esa maravilla de la evolución, que tan alto lugar ha otorgado a los humanos entre todos los seres conocidos, sea solo un cacharrito desactualizado y con escasos sueños.

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