¡A Martí se le respeta!

Yusuam Palacios Ortega

Tenemos el corazón donde no se nos ve, pero ahí está, latiendo fuerte cuando de dignidad se trata. El Apóstol de la independencia ha sido nuevamente ultrajado por falaces portadores de lo más despreciable de la existencia humana. Se ha ofendido a Martí, y eso es ofensa colectiva a todo un pueblo que ama y respeta a sus símbolos, a sus héroes, a su motivación de lucha. Y José Martí es un símbolo; por eso injuriarlo deviene práctica constante de los enemigos de la Revolución, de los enemigos del pueblo cubano que enfrenta, con digna posición, al imperialismo. Asimismo, como símbolo, lo respetamos y defendemos; lo honramos en nuestra cotidianidad. No es asunto que pueda esperar, se levanta el corazón cuando la mentira y la manipulación lo lastiman, la voz patria se eleva preñada de pasión revolucionaria; y volvemos al camino con carácter entero y decorosa presencia.

En los últimos días conocimos de una abierta ofensa a Martí; ya no mal utilizar su pensamiento o tergiversarlo fue la vía, sino intentar que un agravio provisto de groserías y claro sentido humillante fuera legitimado en una propuesta audiovisual (cinematográfica). Son inadmisibles comportamientos como estos; resulta inaceptable y en extremo reprochable permitir una provocación así. De ahí nuestro pronunciamiento apoyando la declaración del ICAIC rechazando la ofensa a Martí. ¡Con el Apóstol no se metan!, diríamos los patriotas cubanos cuando hace pocos días un diplomático cubano levantó su voz para defender a Cuba ante provocaciones burdas que sólo responden a la política agresora contra nuestro país que lleva a cabo el imperio de Norteamérica. ¡A Martí se le respeta!, esa es nuestra postura.

Los jóvenes cubanos no olvidamos la historia, y como tenemos memoria, crece la convicción patriótica y nos hacemos más fuertes. Recordamos a Fidel, martiano mayor, cuando expresó en la clausura de la Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo en el aniversario 150 del natalicio de José Martí, lo que ha constituido la más exacta descripción de lo que significa el Apóstol para los cubanos: “¿Qué significa Martí para los cubanos? (…) Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.  Los que reanudamos el 26 de julio de 1953 la lucha por la independencia, iniciada el 10 de octubre de 1868 precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse una revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto del honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado”.

Estas ideas nos motivan a retomar el criterio asumido de que por Cuba debemos trabajar, y para Cuba nuestros mejores sentimientos. Es decir, con la Revolución que desterró el oprobio, que dio vida al pueblo, que dignificó a cada cubano, hasta la muerte por principio. Contra ella ¡nada!; es como matar a la madre que en parto heroico nos trajo al mundo. José Martí y Fidel Castro no sirven a cualquier ideología, nada tienen que ver con las insostenibles garras del imperialismo, con las barbaries fascistas, con elementos desconocedores del humanismo, la vocación de justicia, la eticidad.

El Con todos y para el bien de todos de Martí no es un saco en el que cabe cualquier cosa; el neo fascista, neo anexionista, buscador de protagonismo mediático –desde la práctica del mercenarismo del siglo XXI-; y empleado del imperialismo, quien le teme al pueblo de verdad; se autoexcluye por sí mismo. No es capaz de hacer nada por la Patria, porque lo primero que albergan es el egoísmo, individualismo, la mentira, lo denigrante de la condición humana.

La pelea nuestra es por la vida, por el amor y la dignidad; por no dejar morir las ideas que defendemos, de la mano de Martí y Fidel, por mantener viva la Revolución para seguir proclamando nuestro carácter socialista. Tenemos que estar alertas, una vez más la pupila insomne de Villena debe acompañarnos, la batalla es de pensamiento y quiero recordar a Martí cuando nos legó que: “Nuestra revolución está en marcha, las batallas de armas han de seguir a las batallas del pensamiento. Decir es hacer, cuando se dice a tiempo, y honrar a los que cumplieron con su deber en 1868 es el modo más eficaz de estimular a los demás a que cumplan el suyo”. Hay mucho que decir, y tenemos que hacerlo a tiempo, y no nos temblará la palabra para cumplir con el deber de hijo con la Patria; porque somos martianos y creemos en Fidel; porque, como hicieron los patriotas del 68 otrora, daremos un grito por salvar el alma de la patria.

 

 

 

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