Lo posible en Cuba, la Cuba posible o vivir la Revolución Por Yusuam Palacios Ortega

Parece un juego de palabras, pero en su intríngulis encontramos ciertas ideas que nos provocan, estimulan el ejercicio del pensar y nos definen en tiempos de definiciones. Ser un revolucionario en la Cuba de hoy, ante el drama que vive la humanidad, en un contexto bien complejo y decisivo; precisa de una toma de partido, a todas luces meridiana y consciente del momento y la elección que hagamos entre el yugo y la estrella.

Ser revolucionario en la Cuba de hoy significa saber y asumir, con firme identificación ideológica, por qué luchamos, cuáles son las razones que nos convidan a salir al campo de batalla y enfrentar a quienes pretenden confundirnos y someternos al peor de los yugos: el de la duda, la incertidumbre, la desconfianza, la desconexión con la vida política y la propia realidad social que vivimos. Ser revolucionario es ser ante todo patriota y defender las ideas de la Revolución y la construcción del socialismo en Cuba con la valentía de los verdaderos revolucionarios; los que se sacrifican, los que no temen al pensamiento, los que no son extremistas.

Un revolucionario, cuando es de verdad, no se queda en la epidermis, va a la raíz, a la esencia de las cosas. Vive la Revolución sobre la base de cómo hacerla mejor, mantiene un ejercicio constante de oxigenación política, ello desde la cultura de hacer política que haya adquirido; con un pensamiento que va a las honduras de los problemas que se le presenten; y cambia sí, pero lo que deba ser cambiado desde la perspectiva de lo que el pueblo quiera (al final es lo que perdura, lo que un pueblo unido y con sólidas bases de esa propia unidad quiera, no lo que grupos egoístas ambicionen).

Como recientemente escribió Enrique Ubieta: “La promoción de cambios no es per se revolucionaria; tampoco es reaccionaria o conservadora la intención de conservar algo. Todo depende de lo que se quiera cambiar y de lo que se pretenda conservar. En ambos casos, el punto determinante está en las necesidades de los más humildes (“con los pobres de la Tierra quiero yo mi suerte echar”, escribía Martí), solo en relación a ellos se es o no se es revolucionario. La condición del revolucionario no se mide ni por los métodos que se utilizan, ni por la intención de cambios; puede sintetizarse en dos cualidades: va a la raíz de los problemas (es radical) y siente como agravio personal la injusticia, donde quiera que se cometa”.[1]

Hoy nos enfrentamos a una nociva orientación política que aparenta ser revolucionaria cuando en realidad se aleja mucho de serlo. Muy peligrosa su presentación por cuanto es dada a la confusión y desviación ideológica de quienes no pueden librarse de una posición donde el hipercriticismo, la superficialidad, la incoherencia discursiva; toman la palabra: el centrismo (tan parecido a la derecha). Un llamado “laboratorio de ideas”, como si una revolución se ideara y las formas para darle continuidad, se pudieran diseñar en laboratorios como si se tratara de fórmulas químicas. Pues sí, un laboratorio que aboga por la “Cuba posible”, ha mostrado su rostro donde a las claras se define la pretensión infeliz de restaurar el capitalismo en Cuba.

Con un discurso que confunde porque desde la apariencia intenta verse como revolucionario, pero en buena lid no es más que una farsa para buscar adeptos que alimenten las fórmulas que en el laboratorio de “Cuba posible” se ponen al descubierto; cierta intelectualidad cubana, resentida y carente de la más mínima ética y respeto al ejercicio del criterio, que no es aceptar pasivamente o ser meros contempladores de lo que otros defienden, sino aprender a debatir, a exponer los criterios y defenderlos, a dar argumentos que avalen la crítica realizada, a no pretender ser los únicos que, por ejemplo en redes sociales, emitan consideraciones sobre nuestra realidad.

Se les acabó el monopolio a quienes, pretendiendo ser los voceros de la restauración capitalista en Cuba, con un ropaje dudoso y ya muy lastimado, no han sido lo suficientemente valientes para decir quiénes son realmente, asumir un programa donde sus ideas se expongan con transparencia. ¿Cómo es posible que estos laboratoristas, donde militan enmascarados intelectuales (algunos se nombran revolucionarios), hayan abierto las puertas al imperialismo? ¿Acaso beneficiarse de su melodía a la par de mostrar cara de hipercríticos del proceso cubano, no es un claro apego a lo que en realidad quieren para Cuba? No nos dejemos engañar, detrás de la “Cuba posible” está el imperialismo, sus mentes macabras; y lo único posible para ellos no es dar continuidad al Socialismo, muy por el contrario, el objetivo es sentar las bases para retroceder, para acabar con la Revolución que devolvió al pueblo cubano su dignidad.

Lo posible en Cuba dependerá del trabajo creador de los hijos de la Patria, de cuanta fuerza tengamos para continuar defendiendo la obra hermosa de la Revolución, de cómo seamos capaces de salvaguardar nuestros principios y ser leales a la esencia martiana Por Cuba y para Cuba. Hay que dar riendas sueltas al pensamiento, no podemos quedarnos callados para que otros, con nocivas intenciones se arroguen el derecho de ser los únicos que hablen. Somos una vanguardia revolucionaria, defendemos por encima de todo la soberanía y la independencia de Cuba, el Socialismo y la dignidad plena del ser humano. Somos antimperialistas y como en las casas de Pompeya, tendremos el perro siempre a la puerta, vigilando, cuidando y salvando.

El destacado intelectual revolucionario cubano Luis Toledo Sande ha escrito por estos días: “La vanguardia revolucionaria necesitó combatir de diversos modos maniobras anexionistas y autonomistas. Convencido de que Cuba debía “ser libre de España y de los Estados Unidos”, en su brega organizativa y suasoria José Martí sintetizó la experiencia precedente y puso en tensión un decir que fue parte de su hacer. Se pronunció asiduamente contra autonomistas y anexionistas. Desconocerlo se explicaría por un conocimiento escaso o nulo de su obra, o por el deseo de que hoy no se combata lo heredado de aquellas tendencias. A manera de clímax, no aisladamente, en su discurso del 26 de noviembre de 1891 Martí sintetizó su proyecto unitario basado en el plan de fundar una república “con todos, y para el bien de todos”; pero sabía que de ese ideal se autoexcluían las fuerzas opuestas a la revolución emancipadora…[2]

Hoy siguen habiendo autoexcluidos del ideal antimperialista y revolucionario de la Cuba socialista. Si mencionáramos los nombres se inscriben por sí solos los laboratoristas de “Cuba posible”, los financiados por el gigante de las siete leguas de una plataforma cuyo honor se lastimó tanto que lo ha perdido (digo sus promotores); que suelen llamarse “La Joven Cuba”; y otros que pululan en el desconcierto y la yanquimanía. ¿Cómo puede llamarse “La Joven Cuba” un blog que se aleja tanto de Antonio Guiteras? No olvidar la historia, aquella, la Joven Cuba de Guiteras, hombre de profundo pensamiento, de ideología definida, antimperialista de alto calibre; no puede ser el referente de esta plataforma desprovista de patriotismo. Los egoístas no son patriotas, verdad histórica; como tampoco podemos hacer mezcla de lo “mejor” del capitalismo con lo “mejor” del socialismo.Coincido con Enrique Ubieta en sus reflexiones al respecto.

Las bases democráticas del sistema político cubano no son copia de nadie, sino creación heroica de nuestro pueblo. El propio Che Guevara dijo que la Revolución Cubana, en caso de ser marxista, lo era porque había descubierto por sus métodos, los caminos que señalara Marx. Andamos construyendo el Socialismo en Cuba en su base económica, porque nuestro carácter ideológico ya lo es; recordemos que el 16 de abril de 1961 previo a la invasión mercenaria por Girón el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución.

Defendemos el Socialismo porque es el único sistema capaz de solucionar los problemas de la humanidad, porque es la vía idónea para salvar la especie humana, porque es la garantía para seguir teniendo Patria en Cuba, para continuar democratizando la sociedad, para seguir fortaleciendo nuestro sistema humanista. Somos radicales, sí, y así deben ser los verdaderos revolucionarios: radicales, desde la lealtad reflexiva, elemento de nuestra condición como patriotas; no somos extremistas, pero no andamos de media tinta navegando según convenga, oportunistamente, sin criterio sólido.

Ya lo decía Martí, “pero antes que lo que conviene hacer está siempre lo que se debe hacer”. Es una cuestión de moral, de principios, de apostar siempre por el camino de la verdad, de las ideas, de la vocación de justicia y de servicio que tenemos. En Cuba mucho tenemos que hacer; pero la Patria necesita sacrificios, es ara y no pedestal, se le sirve, pero no le toma para servirse de ella.

[1]Enrique Ubieta Gómez: “Las falacias en su centro”, artículo publicado en Cubadebate el 18 de julio de 2017.

[2]Luis Toledo Sande, “Cuba entre opciones”, artículo publicado en Cubadebate el 18 de julio de 2017.

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