De ciencia, conocimiento y soberanía Por Ricmar Rodríguez Gutiérrez

Vivimos en la era de la información y el conocimiento. En los últimos dos tres  años se ha producido más cantidad de información que toda la producción intelectual del ser humano desde las filósofos griegos hasta la actualidad.

Vivimos también en una época compleja, el hombre se debate, aún sin darse cuenta, entre la necesidad de sustentar su vida diaria bajo modelos capitalistas de consumismo y la supervivencia de la especie, que demanda políticas desde la conciencia del problema, posición imposible desde las esencias del modelo capitalista neoliberal imperante, por demás en crisis sistémica hace casi una década.

La ciencia, bien utilizada, marca el mejor rumbo a seguir, partiendo del diagnóstico de las condiciones dadas en el tema que se enfoque y lo que existe en materia de conocimiento para enfrentar esa situación. Utilizar el conocimiento científico evita tropezar con la misma piedra que situaciones similares nos dejaron como obstáculo. Enfrentar la conducción política de una sociedad sin el uso de la ciencia, sería negar el contexto en que vivimos y la producción intelectual generada por el homo sapiens hasta hoy.

No se puede negar el conocimiento ante la complejidad de las problemáticas que existen en el mundo, no se puede desdeñar el conocimiento de ninguna rama de la ciencia vinculada con el problema al que queremos dar solución y mucho menos, lo avanzado en materia de conducción política de la sociedad.

Un ejemplo, Cuba se propone como problema de seguridad nacional la sustentabilidad alimentaria. Es la producción de alimentos prioridad de la ciencia en el país y elemento clave para la sustitución de importaciones y liberación de fondos financieros para otros intereses y necesidades. Hacerlo necesita de proyecciones estratégicas de desarrollo que el país elabora y ejecuta.

Recientemente se aprobó el Plan de Estado para el enfrentamiento, mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático (Tarea Vida), resultado posible gracias a investigaciones científicas autóctonas en el terreno medioambiental desde 1991. No podría ser efectiva la proyección del desarrollo agroalimentario sin tener en cuenta lo plasmado en la Tarea vida o nacerían problemas evitables que limitarían el impacto de las políticas agrícolas trazadas, problemas tan profundos como hacer grandes inversiones en terrenos donde no tendrían el rendimiento esperado debido a afectaciones a los suelos y fuentes de agua, dos elementos imprescindibles para la producción agrícola.

Nos enfrentamos a problemas nuevos que no pueden enfrentarse con esquemas viejos, desgastados o descontextualizados. Transformar el status quo pasa por involucrar a todos, hacer participar a todos. Para ello el camino más directo es utilizar las herramientas que la ciencia nos aporta, esa misma que nos ha dictado la necesidad de un cambio de mentalidad para enfrentar los retos que esta isla tiene para la construcción del socialismo próspero y sostenible que se propone como modelo de desarrollo.

Dicho modelo tiene retos, detractores y enemigos. Por tanto nos enfrentamos ante una realidad que deja pocas opciones a la apatía política. Por un lado, ser faro, punto de referencia de los procesos revolucionarios y de izquierda en la región y el mundo, que por mostrar un camino alternativo al poder del capital, genera por sí mismo oposición de poderosas fuerzas dominantes, encabezadas por los imperialistas que junto a sus acólitos, siempre marcados por el egoísmo, se ubican en el otro lado de la balanza.

De un lado el interés por el hombre, su bienestar, la opción de vivir de forma armónica con la naturaleza y preservar la especie humana, del otro el interés individual a costa de los hombres, de los desposeídos de siempre, el egoísmo que ciega y mata cualquier sentimiento humanitario o solidario.

La clave de llegar a puerto seguro es poner a participar a todos, en especial a las nuevas generaciones. No por gusto la actualización del modelo económico cubano, otro resultado de nuestra ciencia, en este caso las sociales, ubica como eje transversal el uso de la ciencia, tecnología e innovación y como fuerza imprescindible para este proceso, a los jóvenes que tienen que aportar la fuerza y energía necesaria desde lo físico, pero también desde la inteligencia. Nuevamente el binomio necesario para construir el socialismo, ya ilustrados por Fidel y el Che, producir la base material y a la par formar al hombre necesario para esa sociedad.

Ser soberanos e independientes pasa por el conocimiento, por la capacidad de no ser dependientes tecnológicamente, de asimilar lo nuevo, perfeccionarlo y adecuarlo a nuestras necesidades; pero también la capacidad de desdeñar lo malo. Ser un país de hombres de ciencia no es solo una guía válida para el desarrollo por grandes científicos de productos biotecnológicos de alto valor agregado, atraviesa todas las aristas de nuestra sociedad.

Debemos reflexionar si en todo lo que hacemos ponemos en el centro al hombre y sus necesidades, si no hay elementos excluyentes, si la mirada va al proceso y no a las partes relativamente independientes que la componen. Tener ese ojo visor pasa por conocer teoría de la dirección (ciencia política) y sistematizar una práctica política que se ha acumulado en décadas de proceso revolucionario. Pero no podemos perder la capacidad de pensar, de ser creativos, de diferenciar los asuntos desde un previo diagnóstico de la situación concreta de un centro, localidad o territorio.

Lo macro no puede sacrificar lo micro, porque ese macro es una abstracción  de lo real, que será bueno si en lo micro se logra la satisfacción de las necesidades de los seres sociales que componen esa realidad. Es en lo micro, en lo real, donde se dan las relaciones entre humanos, la vida en general.

Como mismo debemos dar respuesta a si es mejor tener menos rendimiento agrícola pero mayor durabilidad de los suelos utilizando la ciencia, debemos clarificar que lo macro será bueno siempre que esté al servicio del pueblo en lo local, en lo social.

Estamos urgidos a re-crear nuestros procesos, contextualizarlos, aceptar las nuevas realidades y construir nuevos paradigmas ajustados a ellas, porque los viejos paradigmas estaban ajustados a realidades del entorno que cambiaron; para bien o para mal, no son las mismas. Estudios hay en Cuba que diagnostican la situación en muchos ámbitos. Por ejemplo la cuarta encuesta nacional de juventud, nos muestra una juventud orgullosa de ser cubana y de vivir en este país, pero que enfrenta realidades en el contexto en que vive que hay que resolver para lograr la prosperidad planteada como meta. Parémonos en las fortalezas, diseñemos y ejecutemos políticas que den respuesta a las necesidades. Transformemos los elementos que constituyen debilidades y estaremos en mejores condiciones para enfrentar las amenazas. Pongamos a participar masivamente al pueblo y su juventud en las soluciones y la construcción del modelo y seremos invulnerables e invencibles.

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