José Martí, Dos Ríos y la fuerza de las ideas. Por Yuam Palacios Ortega Presidente del MJM

¿En qué nos puede ayudar Martí a 122 años de su caída en combate? Su obra, su pensamiento emancipatorio y actual, constituye sin lugar a dudas una fortaleza para todos nosotros; él es el alma moral de la nación, el guía espiritual de Cuba, la luz que nos hace ser militantes de la justicia social. No por azar su elección fue estar al lado de los pobres, de los desposeídos, de los que les fue negada toda posibilidad de ejercitar sus derechos; he ahí el electivismo martiano; su condición humana al servicio de los pobres y necesitados; elemento que no quedó sólo en el pensamiento de Martí; su elección hubo de practicarla, él hizo de su vida un desvelo de justicia. “Hacer es la mejor manera de decir”; nos enseñó y sus ideas constituyen un basamento importante para la salvaguarda de la nación: la utilidad en la virtud, el equilibrio del mundo, la idea del bien y la cultura de hacer política.

A 122 años de aquel día en que el Sol iluminó la vida del Apóstol, allá en Dos Ríos, tendríamos que preguntarnos ¿está vigente Martí?; una mirada a rasgos esenciales del pensamiento martiano nos responde que su vigencia sólo estará en la medida en que su ideario sea asumido y practicado para transformar la realidad, para continuar la búsqueda constante de la idea del bien y la utilidad de la virtud. Su profunda vocación de justicia, que emana de los horrores que vivió en presidio, de la cruel esclavitud que presenció en su niñez y que juró combatir, de las enseñanzas de su maestro y principal formador Rafael María de Mendive, de sus estudios de Derecho en la Universidad de Zaragoza, España cuando fue deportado por primera vez de Cuba, al salir del presidio.“Existe en el hombre la fuerza de lo justo y este es el primer estado del derecho”

Su humanismo, que lo llevó a respetar como nadie la dignidad humana, los derechos de los hombres y las mujeres, la equidad posible en una sociedad, el amor a los niños, echando su suerte con los pobres de la tierra, padeciendo por ellos, entregando su vida a una causa preñada de ese espíritu humanista que lo acompañó siempre.

La eticidad en Martí, ese sol del mundo moral, síntesis del ideario de José de la Luz y Caballero y el presbítero Félix Varela; “tengo fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud” le escribió a su hijo, fue un hombre Martí profundamente ético, mostraba al mundo sus fuerzas morales, su carácter entero, su ideal de armonía y equilibrio.

Ideario antimperialista martiano que tiene su esencia en los años vividos en los Estados Unidos, donde pudo sentir y presenciar cómo se formaba y desarrollaba la fase superior del capitalismo; Martí escribió numerosas escenas norteamericanas donde describió las características del capitalismo monopolista, desde sus vivencias, la avalancha de productos invendibles, el descuido social, las huelgas constantes, los adelantos científicos, la lucha de los partidos Republicano y Demócrata por el acceso al poder. Construyó Martí, desde lo sensorial y vivencial, su más profundo sentir antimperialista al captar rápidamente la esencia de las pretensiones de Estados Unidos para con América Latina: “viví en el monstruo y le conozco las entrañas”, comparaba José Martí al imperio como Goliat, “y mi honda es la de David”, él era David, quien estaba todos los días en peligro de dar su vida por su país y por su deber.

Su latinoamericanismo que lo llevó a amar a Nuestra América, a las dolorosas y sufridas tierras americanas desde el Río Bravo hasta la Patagonia.Su ideal del equilibrio del mundoque es uno de los pilares fundamentales de su pensamiento, siendo esencialmente ese deseo de Martí de equilibrar como orden que es el mundo, cada arista de las diversas formas de la conciencia social y obviamente su aplicación práctica. La misma ha de ser, para que de ella se obtengan frutos para el bien de todos, como dijera el gran intelectual cubano Armando Hart: radical y armoniosa.

De ahí que, desde mi perspectiva de joven martiano, la juventud cubana de hoy debe ser hermosa de pensamiento y acción, imprimirle a sus actos la belleza de la vida, del buen gusto, del amor como energía revolucionaria; una juventud arriesgada, que haga lo que parece imposible hacer, que no tema a su pensamiento, sea cuestionadora, transforme su realidad desde el conocimiento que haya adquirido. Una juventud revolucionadora social, que muestre al mundo su espíritu alegre, lleno de vitalidad, su condición humana y ética capaz de vencer los efectos de la crisis humanística; una juventud creadora, no anquilosada, dotada de lealtad reflexiva ante los desafíos que le impone la vida; una juventud que no se canse de buscar, de amar, de latir fuerte y ser el termómetro de la sociedad donde vive. Una juventud que ame a su Patria, con sentido del momento histórico, como las de Mella y Villena, Fidel y la generación del centenario; que defienda su identidad, que luche contra la colonización del ser humano en sus más diversas formas, que sea justa.

Son muchos los retos, sobre todo cuando vivimos en una época tan compleja como ésta, donde el equilibrio del mundo sigue siendo aún vacilante y dudoso, donde existe un orden económico, político y cultural verdaderamente insostenible; donde la cultura del tener, la exaltación por lo material, la banalidad y la dominación de las mentes humanas con propuestas enajenantes y colonizadoras; están muy arraigadas bajo la hegemonía del capitalismo. Un reto es que nuestros métodos de enseñanza en sentido general, y particularmente del pensamiento martiano, si atendemos a que Martí es un antídoto para toda la barbarie que significa no propagar la cultura en los tiempos actuales; han de adecuarse al momento presente sin que dicha adecuación merme la esencia que nos distingue.

Cuanto hagamos ha de tener como objetivo supremo acercar cada vez más a las generaciones jóvenes a José Martí, a su vida y obra, y no para aprender de memoria algún que otro pasaje o frase o recitar sus versos, sino para convertirlo en presencia viva. Amar a Martí es amar a Cuba, pero no se ama bien ni puede defenderse lo que no se conoce, y de eso se trata, de aprender su visión del mundo, que ayuda a entender, crecer y vivir.

Pensar y obrar martianamente significa tener una actitud consecuente ante la vida, trabajar sin descanso por Cuba, vencer cualquier obstáculo, combatir toda injusticia y prepararnos para servir mejor e incondicionalmente a la Patria. El 19 de mayo el hombre de La Edad de Oro, el fundador del Partido Revolucionario Cubano y el Periódico Patria, el organizador de la Guerra Necesaria, el adolescente que sufrió en presidio con tan sólo diecisiete años, renacerá en cada joven que se sienta martiano y sea fiel portador de sus ideas; es sencillamente estar con Martí para todos los tiempos.

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