Un 10 de Marzo y la historia que no se cuenta (del otro lado)

A menudo tropezamos con situaciones de las que se quiere o se emite juicio, y en el proceso se olvida que, más allá de los puntos de vista o las versiones posibles, están siempre los hechos. Esos que son irrefutables, porque son lo que son. Se producen como resultado de acciones, que también derivan en cadena de causa-efecto y queda la evidencia casi siempre tangible a ojos de todos.

Por eso me llama la atención, desde hace algún tiempo, el desgaste a que se someten algunas fuentes “alternativas” que insisten en deconstruirlo que en Cuba hemos reconocido como más relevante de la década iniciada en 1950. Hablo, sin dudas, de una época atestada de penas y miserias; en la cual, si bien aquellos gobiernos lograron algunas edificaciones esplendorosas que luego trascendieron en la historia, el saldo de ello desnutrió más a los necesitados de entonces.

Cómo pretender hacer brillar las memorias de ese tiempo, cuando los más favorecidos con tanta opulencia y supuesto desarrollo urbano fueron los bolsillos de quienes tornaban nuestra Isla en un paraíso ideal para vicios, libertinaje, la malversación de fondos públicos. Edén que no excluyó a mafiosos ni otras lacras del momento. Los mismísimos Charles “Lucky” Luciano, Santo Trafficantesenior, Luigi Trafficante Jr. y Meyer Lansky eran cercanos de Batista. El último de ellos, el número dos de la mafia estadounidense, uno de los principales gánsteres de ese país, quien había creado para el dictador de aquella Cuba la organización de los juegos de La Habana.

Dicen que los años 50 del siglo pasado fueron de gran esplendor en Cuba. Yo no los viví, pero sí conozco de gente que los recuerdan, pues experimentaron -algunos con buen status socioeconómico, otros en la más inquietante pobreza- la realidad de la época. En ambos casos aludo a personas que prefirieron permanecer al calor de este su hogar natal.

Para ellos y en la historia de Cuba,los hechos son estos:Ya en el período de 1935 a 1952 nuestro país atravesaba por una difícil situación. En los inicios de la década del 50 los males republicanos eran cada vez más graves sin que esto conmoviera para nada a los gobernantes de turno. Hubo entonces destacados luchadores que se enfrentaron a tanta injusticia y muchos fueron asesinados. También se alzaron las voces de hombres honestos y valientes como Eduardo Chibás.

A pesar de la lamentable pérdida de Chibás, ante el auge popular, las esperanzas del pueblo en las elecciones para elegir a un nuevo presidente estaban en el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). Este Partido era el de mayor aceptación por parte del pueblo, pero no le dieron chance a triunfar.

El 10 de marzo de 1952 Cuba era tomada en golpe de estado. El cruel y ambicioso Fulgencio Batista puso fin al orden constitucional y derrocó al gobierno democráticamente elegido de Carlos PríoSocarrás, unos meses antes de las elecciones presidenciales de junio de aquel año.

Entre otras sobradas medidas, Batista se otorgó un salario anual superior al del presidente de Estados Unidos (pasó de 26.400 dólares a 144.000 dólares frente a los 100.000 dólares de Truman), suspendió el Congreso y entregó el poder legislativo al Consejo de Ministros, suprimió el derecho de huelga, restableció la pena de muerte (prohibida por la Constitución de 1940) y suspendió las garantías constitucionales.

Más interesante resulta que muy pocos días después, el 27 de marzo de 1952, Estados Unidos reconoció oficialmente al régimen de Batista. Elentonces embajador estadounidense en La Habanasubrayó, “las declaraciones del general Batista respecto al capital privado fueron excelentes. Fueron muy bien recibidas y yo sabía sin duda posible que el mundo de los negocios formaba parte de los más entusiastas partidarios del nuevo régimen”.

Pero no tardó la verdadera naturaleza del nuevo gobernante autoimpuesto en conmocionar a sus propios aliados foráneos. Wayne S. Smith, joven funcionario de la embajada estadounidense, fuesacudido por las masacres que cometían las fuerzas del orden. Describió escenas de horror: “La policía reaccionaba de modo excesivo a la presión de los insurgentes, torturando y matando a centenas de personas, tanto a inocentes como a culpables. Se abandonaban los cuerpos, ahorcados en los árboles, en las carreteras. Tales tácticas condujeron inexorablemente a la opinión pública a rechazar a Batista y a apoyar a la oposición”.

Mientras, el periódico New York Times exponía: “Los diplomáticos informan incluso de que si siempre hubo corrupción gubernamental en Cuba, nunca fue tan eficaz y generalizada como bajo el régimen del Presidente Fulgencio Batista”.

No veo, pues, de cuál “esplendor” se especula sobre los años 50 de Cuba en el siglo XX… Durante dos tercios del reinado de Batista no hubo crecimiento. Las reservas monetarias cayeron de 448 millones de pesos en 1952 a 373 millones en 1958, los cuales fueron robados durante la huida del general corrupto y sus cómplices el 1ro de enero de 1959. La deuda de la nación pasó de 300 millones de dólares en marzo de 1952 a 1.300 millones en enero de 1959, y el déficit presupuestario alcanzó 800 millones de dólares.

También la política azucarera de Batista fue un fracaso. Cerca del 35% de la población activa estaba desempleada. Cercadel 60% de los campesinos vivía en barracones con techo de guano y piso de tierra desprovistos de sanitarios o de agua corriente. Cerca del 90% no tenían electricidad. Existía un abandono casi total en cuanto a la educación y salud del pueblo…Y caben más ejemplos.

Hasta el propio Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy se expresó al respecto: “Pienso que no hay un país en el mundo, incluso los países bajo dominio colonial, donde la colonización económica, la humillación y la explotación fueron peores que las que hubo en Cuba, debido a la política de mi país, durante el régimen de Batista.”

Si consideramos esta aseveración por “vaya voz acreditada” y el hecho de que la administración batistiana duró hasta el último día de 1958, entonces repito en retórica: cuál es esa Cuba de la que se habla como “reluciente” en aquellos años 50.

Por Menfesí Eversley Silva

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