LA DESPEDIDA.

Profundizando en la trayectoria revolucionaria del CHE, me adentre también en la vida de  sus compañeros de la Guerrilla en Bolívia. Muchos son los héroes de aquella  hazaña  que en amor apegado al internacionalismo y la solidaridad fueron convocados por la história y las circunstancias a otros pueblos del mundo.

Jesús Suarez Gayol, el Rubio. Un jóven de tan solo 30 años fue el primero en caer en combate de los integrantes de la Guerrilla del CHE en Bolivia.  Líder estudiantil,  fundador del Movimiento 26 de Julio  en Camagüey,    y   combatiente de la clandestinidad. Partió desde  Cuba en el año 1966 a cumplir con el primer deber de un revolucionario; ser internacionalista.  . El amor a la patria y el deseo de sacrificio de un verdadero Quijote,  lo condujó a dejar atrás a seres queridos y a sacrificar por el bienestar colectivo,  los intereses familiares.   

Después de leer lo que ponemos hoy a su disposición  me impacto mucho. Ay les dejo una de esas tantas  despedidas,   que brotada de lo más profundo de un ser humano conmueven el alma,  y que solo es recompensada con el triunfo de la virtud sobre el egoísmo.

1966,  Querido hijo:

Son muchos los motivos que me impulsan a escribirte estas líneas que hago en circunstancias muy similares y que habrás de leer cuando el tiempo transcurra, cuando seas mayor y puedas entender cabalmente la decisión que he tomado.

Hoy estás a punto de cumplir cuatro años, eres para mí la prometedora esperanza de que seas el hombre que aspiro y la alegría extraordinaria que ha llenado mi vida en los pocos momentos en que he podido estar a tu lado.

Eres mi único hijo y pienso que sería imperdonable marcharme a cumplir con el deber que mi condición de revolucionario me dicta y que puede costarme la vida y no dejarte escrito tan siquiera algo de las cosas que te diría si pudiera verte crecer a mi lado.

He tenido la suerte extraordinaria de vivir una etapa trascendental de nuestra historia. Cuba, nuestra Patria, nuestro pueblo, realiza una de las más grandes epopeyas que registra la historia de la humanidad.

Está haciendo su Revolución frente a las circunstancias más adversas y ha emergido victoriosa ante cada amenaza y ante cada agresión.

Nuestro pueblo marcha hoy con paso firme hacia un futuro feliz; dueño de su destino, trabaja ardorosamente, consciente de lo que realiza y por qué lo realiza. Pero esto, que no es otra cosa que el ejercicio de un legítimo derecho de los pueblos a escoger su destino y su futuro, ha concitado contra nuestra Patria el odio de la reacción internacional y principalmente del imperialismo norteamericano.

Ello es así porque la Revolución cubana no es tan sólo la derrota concreta que el imperialismo ha recibido en el pequeño pedazo del mundo que es el territorio de nuestro país, mucho más que eso, la Revolución cubana es el ejemplo vivo que señala a otros pueblos el camino de su liberación.

Pueblos a los que el imperialismo exprime, explota y de los cuales se nutre, pueblos que no pueden, como el nuestro, construir su porvenir, donde millones de hombres y mujeres entregan su esfuerzo para el enriquecimiento de unos pocos, donde miles y miles de niños como tú y aún más pequeños que tú, mueren sin asistencia médica, niños que no tiene escuela ni maestro y a los que espera la miseria y la ignorancia, fiel compañera que va siempre del brazo de la explotación.

Es por eso que el deber de un revolucionario cubano, en esta etapa se extiende más allá de los límites físicos de nuestro país y está allí dondequiera que exista la explotación, dondequiera que el imperialismo clave sus garras para extraer la sangre de los pueblos. Es esta interpretación de mi deber como revolucionario lo que me impulsa a marchar fuera de mi Patria a luchar, con las armas en la mano, contra el imperialismo.

Conozco los riesgos que ello entraña, sé que dejo atrás mis afectos mayores, mis seres más queridos, pero al mismo tiempo me invade la alegría y el orgullo incomparable de saber que paso a ocupar un puesto de vanguardia en esta lucha muerte de los pueblos frente a sus explotadores.

Entre esos seres más queridos, en primerísimo lugar, te encuentras tú, mi hijo. Mucho hubiera querido estar a tu lado en todo el proceso de tu formación y verte cristalizar como hombre y revolucionario. Eso me será muy difícil dada la decisión que he tomado, confío en que mi ejemplo y herencia moral que constituye una vida dedicada por completo a la causa revolucionaria, unido a la educación que recibirás por crecer en un pueblo en Revolución, suplan con creces mi ausencia.

Aspiro a que tú comprendas esta decisión mía y jamás me la reproches. Aspiro, creo que es una legítima aspiración de padre, a que vivas orgulloso de mí y contribuir así a tu felicidad ya que no puedo con mi compañía, proporcionarte las pequeñas alegrías que la generalidad de los padres ofrecen a sus hijos.

Quiero que estudies con ahínco y te prepares lo mejor que puedas para impulsar con tu esfuerzo la obra revolucionaria. No creo, por lo menos así lo espero, que tengas que empuñar las armas para luchar por el bienestar de la humanidad; tu campo de acción será la ciencia, la técnica, el trabajo creador cualquiera que éste fuese: desde esos frentes también se lucha por las buenas causas, en ellos también hay heroísmo y gloria cuando el revolucionario se entrega con pasión, con dedicación, con ardor.

Quiero que rechaces siempre lo fácil, lo cómodo. Todo lo que enaltece y honra implica sacrificios.

Cuando un revolucionario se acomoda comienza a descomponerse y a dejar de serlo. Quiero que siempre veas el bienestar común como único medio de obtener el bienestar propio. Cuando un revolucionario comienza a recibir beneficios que aún su pueblo no puede recibir, comienza esa descomposición; si no es que ha dejado ya de serlo.

Mantente siempre vigilante y defiende tu Revolución con celo y con fiereza. Ha costado mucha sangre y representa mucho para los pueblos del mundo.

Quiero que seas siempre sincero, cabal, abierto. Prefiere siempre la verdad por dura que esta sea. Debes ser reflexivo ante las críticas y al mismo tiempo defender tu criterio sin vacilaciones cuando sea honesto. Rechaza la lisonja y la adulonería y no la practiques nunca. Sé siempre el más severo crítico de ti mismo. Cuando esta carta tú leas ya conocerás sin duda muchas de las hermosas páginas que escribiera José Martí, hay unos versos sencillos del Apóstol que se titulan: “Yugo y Estrella”, pues bien, léelos y medítalos y recuerda que quiero, antes las alternativas que la vida te ofrezca, tú siempre escojas “la estrella que ilumina y mata”.

Quiero que tú seas un digno hijo de tu gran Patria. Que seas un revolucionario, un comunista.

Te abraza tu padre,

Jesús Suárez Gayol.

Fuente: BLOG: http://villazuldelosmolinos.cubava.cu

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