A 50 años de Pensamiento Crítico: salvaguarda del ejercicio del pensar

Los aniversarios de alto vuelo; esos que provocan torrentes de ideas en la mente del pensador y estimulan, conscientemente, su trabajo creador; no son motivo para un simple recordatorio o referencia superflua; en sí mismos demandan de un acercamiento profundo, de una apropiación crítica de sus contenidos y de un programa bien pensado para su recordación. Es el caso de una revista, que aún no existiendo hoy, deviene fuente insustituible de conocimiento y cultura para quienes batallan sin cesar por la salvaguarda de un singular ejercicio humano, el más completo de todos, el del pensar.

Una revista que marcó una época de extraordinaria fuerza ideológica, de muchas inquietudes en los jóvenes y a la vez búsquedas de respuestas necesarias para entender el momento, y sobre todo, transformar la realidad; desde las honduras de un pensamiento crítico garante de una verdadera revolución. Para ser un revolucionador social, tomar partido y elegir para integrar acorde a la realidad (lo esencial en el electivismo filosófico); era preciso tomar el papel y reflejar en él un conjunto de ideas, criterios, puntos de vista; si diferentes mejor para ser creíbles y provocar el debate fecundo en el que sólo la verdad y la fuerza de las ideas, vencen.

Pensamiento Crítico, revista del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana en los años de 1967 a 1971, se nos presenta como un hecho del pasado histórico, como enterrado en el tiempo y a todas luces, desconocido. Una sombra en los estudios de hoy, un ingrediente imprescindible en la formación del hombre nuevo; que piensa por sí, que asume posiciones desde su elección crítica, que desata nudos entorpecedores del ejercicio humano que lo convierte en revolucionario y le da sentido a su vida: el del pensar. Esa es luz propia, y cuando nos apropiamos de ella, crecemos. Revisitar Pensamiento Crítico es un descubrimiento necesario, leer a importantes pensadores[1] del mundo, sobre todo de la América nuestra, hurgar en sus criterios, polemizar y establecer con ellos un diálogo enriquecedor; hace parte de la asunción de una plataforma teórica en los momentos actuales que promuevan lo mejor del pensamiento anticapitalista, antimperialista y descolonizador; que sostengan una revolución socialista como la que construimos.

Más que la revista, a 50 años de su nacimiento, considero vital profundizar en los resortes que movieron a quienes, muy jóvenes, optaron por transgredir el dogmatismo y la asimilación acrítica para asirse a bases teóricas y estimular una praxis política coherentemente marxista, con meridiana claridad del significado de lo propio, de la creación heroica, de descubrir por nuestros propios métodos los caminos que señalara Marx, como aprendimos del Che; de ser originales en la interpretación y transformación del mundo (desde la porción de humanidad en que nos tocó nacer y vemos más de cerca). No es la revista en sí, sino el contenido y significado de la herencia del pensamiento propio de una corriente verdaderamente revolucionaria.

Al respecto ha dicho quien fuera director de Pensamiento Crítico Fernando Martínez Heredia, intelectual militante por la justicia social: “Pensamiento Crítico es el resultado de las necesidades que sentíamos a mediados de los años 60 muchos jóvenes cubanos (…) de conocer más el pensamiento que nosotros considerábamos revolucionario. Pero no sólo el pensamiento revolucionario sino el pensamiento social en su conjunto (…) Quienes constituíamos Pensamiento Crítico éramos un pequeño grupo ligado a la docencia universitaria de filosofía en La Habana (…) Nos sentíamos sobre todo revolucionarios en la práctica. Veníamos de una revolución muy joven y compartíamos la idea de que uno no es revolucionario por ser marxista sino por actuar y por sentir como tal…[2]

Por esa época, mediados de los 60, otras publicaciones compartían necesidades de expresión genuinamente revolucionarias: Juventud Rebelde y El Caimán Barbudo, con sus parámetros cada una, pero muestras de lo que se vivía en materia de pensamiento en medio de una revolución por el socialismo. Había que expresar las posiciones de los jóvenes revolucionarios cubanos de aquella época, y en su conjunto, de la Revolución Cubana. De ahí la idea de una revista que además fuera vehículo de información y estudio para los jóvenes de entonces, porque como ha dicho Martínez Heredia, “…entonces estudiar se consideraba un deber revolucionario[3].

Había que combatir el capitalismo mundial y su neocolonialismo; para ello se requería, aún como revolucionarios armados, del ejercicio del pensar; éste se volvía indispensable. Como de igual manera, pensar el socialismo era vital para la revolución y los revolucionarios, ello desde el ejercicio del criterio como base de la crítica en José Martí. De ese tamaño era el desafío, y fue asumido y vencido por una generación cuestionadora que hubo de armarse teóricamente para salir en busca de la “hermandad de Ariel”, encontrar respuestas, para su tiempo, en Mella, Mariátegui, Ponce, Rodó, Ingenieros, Vasconcelos, Roa, Guiteras; con la viva experiencia de los hacedores de la Revolución y ejemplos de revolucionarios antimperialistas como Fidel Castro, el Che Guevara, Roque Dalton y Carlos Fonseca; y así participar de la construcción de una sociedad mejor, de la alternativa al capitalismo, de la contracultura que representa el desafío socialista.

Decíamos que la revolución, como revolución contra el capitalismo y de liberación nacional a la vez, era posible y era factible; que el poder revolucionario como cambios sistemáticos de las personas, como sucesivas revoluciones de la revolución, como creación cultural ajena y opuesta al capitalismo, era posible. El triunfo de los vínculos de solidaridad, el fin de todas las relaciones de dominio de unas personas sobre otras y no sólo de la explotación del hombre por el hombre, era el objetivo de la lucha y del poder socialistas.[4]

Y en esa incesante búsqueda de las respuestas de nuestro tiempo andamos jóvenes de hoy, igual de inquietos y, aunque no con la vivencia directa de los primeros años o décadas de socialismo en Cuba –como los jóvenes de Pensamiento Crítico-, sí con la vivencia de una Revolución que se debate a sí misma, con sus complejidades y retos económicos, sociales, políticos, culturales e ideológicos; y un futuro que tenemos que seguir pensando, el de la Cuba que apuesta por el Socialismo, que lucha por un mundo mejor, que no detiene su marcha hasta ver derrocado el imperialismo, que defiende su historia, símbolos, cultura; una Cuba que alcanzó su libertad con el sacrificio que necesitaba la Patria, simbolizado en la sangre derramada por muchos de sus hijos y la resistencia del heroico pueblo. Somos una Revolución, creo en ella y mi causa, como la de muchos jóvenes de hoy, herederos de Martí, Mella y Fidel, está esencialmente en la gota de rocío que, en medio de un imponente océano, nos dice ciertamente que no todo está perdido y que sí se pueden vencer los límites de lo posible: eso es ser revolucionarios.

[1] En las páginas de Pensamiento Crítico se pueden encontrar textos y trabajos de autores como James Petras, Karl Korsch, L. Althusser, G. Lukács, Camilo Torres, Eduardo Galeano, Ernesto Guevara, Roque Dalton, Darcy Ribeiro entre otros muchos. De ahí la diversidad de temas y contenidos de la revista; lo que la convierte en una importante fuente de estudio del pensamiento social y revolucionario.

[2] Cuba y el pensamiento crítico. Entrevista a Fernando Martínez Heredia; en “De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano”. Néstor Kohan. Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2008, p.365.

[3] Ibídem, p.366.

[4] Ibídem, p.366.

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