Buen fin ¿discutible resultado?

Las filas alcanzan varios metros, llegan a las esquinas y doblan. El Parque El Curita está rodeado de personas que aguardan en largas colas y muchas llevan allí más de dos horas. Esta semana se aprobaron nuevas medidas por el Consejo de la Administración Provincial para proteger a las personas de los abusivos precios que ponen ciertos boteros aprovechándose del insuficiente transporte público. Sin embargo, es jueves, son las seis de la tarde y, según constata JR, parece que las dificultades no desaparecen, solo cambian de nombre.

Con su niña cargada, Alina Ferro ha parado muchos carros y ninguno va para Boyeros. Pareciera que vuelan por encima y caen directo en Santiago de las Vegas. Elsa Gutiérrez pasa por lo mismo, pero su destino es el Cotorro. Los boteros ya no cortan los tramos como la vez anterior; ahora solo van directo a su destino de 20 pesos. Cualquier estrategia les vale con tal de burlar la decisión de no permitir el incremento de los precios referenciales máximos, como establece el Acuerdo 185 de 2016.

«Los carros solo salen directo para el Cotorro. Si vas para la Virgen del Camino o San Francisco de Paula, tienes que pagar los mismos 20 pesos, porque los choferes no dividen el tramo para no buscarse problemas», comenta Elsa,  quien agrega que todos los días se transporta por esta ruta y nunca el transporte está tan malo.

«Ponlo así mismo, periodista. Di que la cosa está en candela», me insiste una señora que se lanza a correr antes de terminar nuestra conversación. Acaba de llegar un carro con destino a Guanabacoa, y ella no se lo va a perder luego de más de una hora de espera. «Discúlpame», me grita.

«Los choferes no quieren trabajar porque los carros son suyos, y ellos hacen lo que les parece. Para colmo, como hay pocas máquinas, la buquenque está cobrando diez y cinco pesos por colar gente», manifiesta Jessica Herrera.

Estoy sacando cien pesos solo para comer y pagar la licencia, me dice Jorge José Pérez, un chofer que ya terminó su horario laboral. Tuve que quitar a mi ayudante porque no me daba la cuenta, y ahora estoy manejando yo y solo un rato, porque no puedo gastar gomas y combustible por gusto, si la ganancia va a ser tan poca.

***

Estoy muy estresado, casi grita Juan Antonio Silva Cutiño. «Vengo caminando desde Cuatro Caminos porque Monte está repleto de gente y no hay quién coja nada… Si tengo que llegar a mi trabajo temprano y no encuentro cómo moverme, ¿qué hago? Hay que mejorar el transporte público, porque controlar a los boteros es muy difícil», apunta este señor que ha aguardado por un almendrón durante más de dos horas.

Otra señora quiere contar su historia. «Hace unos días me cobraron 30 pesos desde el Cotorro hasta aquí, porque tuve que ir pagando diez pesos de tramo en tramo», explica. «Pero hoy es peor porque no aparece nada».

***

Reinaldo Morales también maneja para vivir, pero va ahora camino a casa y debe someterse a la espera. El chofer se busca el dinero como quiera, porque cualquiera le paga lo que sea, me aclara. Si lo fijan en diez y 20, está bien. ¡Pero cinco es muy poco!

Uno de los choferes dice que un inspector lo defendió de un pasajero que pretendía pagar cinco pesos, al bajarse en medio del itinerario. El inspector (¡vaya paradoja!) le aclaró al usuario que el chofer había dicho que el viaje era directo. ¿Será que solo se puede vivir a 20 pesos de distancia?

«Quien se monte conmigo, tiene que ir hasta el Cotorro», refuerza quien se siente dueño del control, que no duda en poner condiciones. «Si bajan el impuesto o el combustible, acepto los precios. Pero mientras tanto… no pienso ceder», asegura.

¿Qué hacer?, nos preguntamos. Para la joven Adriana Heredia, algunos boteros se ponen de acuerdo para no trabajar si les limitan el precio. Estas colas lo dicen todo… Entonces me mira convencida de la urgencia: «Hay que hacer algo… ».

El Gobierno de La Habana ha intervenido para asignar precios máximos a 30 rutas que cubren los boteros desde el Parque del Curita —principal piquera donde se conectan las rutas hacia varios municipios de la capital— hasta diferentes zonas de la ciudad.

La medida comprende nuevos costos específicos para diferentes puntos de los recorridos. En los tramos que habitualmente cortaban para cobrar diez pesos y luego otros diez, y así sucesivamente, ahora costarán solo cinco.

Con esta decisión se pretende regular el costo de los viajes en taxis dentro de la capital para evitar la especulación con los precios, al menos en las 30 rutas previstas.

Tomado de Juventud Rebelde

Susana Gómes Bugallo
digital@juventudrebelde.cu

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